Cima

Un mensaje para la Semana Santa

Con la celebración del Domingo de Ramos, entramos en la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesús. Entramos en esta Semana Santa uniéndonos a los que cargan sus pesadas cruces y necesitan saber que no están solos. Estoy seguro de que algunos pueden ser miembros de nuestras propias familias. Algunos son amigos, mientras que la mayoría no los conocemos personalmente. Sin embargo, los brazos extendidos de Jesús en la cruz nos inspiran a reconocernos como hermanos y hermanas entre todos. A medida que nos dejamos abrazar por el amor de Jesús, expandimos nuestros corazones y los abrazamos a todos con sublime compasión. Llevamos a la pasión de Nuestro Señor al pueblo de Ucrania ya todos los que sufren los horrores de la guerra en sus países de origen. Traemos a la pasión del Señor, a todos los inmigrantes en todo el mundo. Los que huyen de la violencia de la guerra, la injusticia, la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades. Aquellos que dejan y abandonan todo lo conocido y apreciado en aras de una mejor oportunidad en la vida. Llevamos sus esperanzas y sus penas al Señor que sufre. Llevamos al sufrimiento del Señor a todos aquellos que sufren en silencio y cuyo dolor sólo ellos conocen. Los que están solos y se sienten solos o abandonados. Aquellos que han perdido a sus amigos más cercanos y a sus seres queridos más cercanos. Aquellos que no tienen a nadie en quien confiar y abrir sus corazones. Llevamos al sufrimiento de Jesús a todos los niños del mundo que nacen en una pobreza desesperante y que conocen el sufrimiento desde su primer aliento. Esos miles de niños que mueren a diario por desnutrición y enfermedades. Esos niños vendidos como esclavos de todo tipo y cuya inocencia les es arrebatada por el mal en que otros se han comprometido. Esos niños que no conocen la felicidad. Llevamos a la cruz todo el sufrimiento de la humanidad con la esperanza que Jesús nos ofrece en su resurrección. Que nos acerquemos a la tumba vacía con el deseo y la determinación de hacer todo lo que podamos para vaciar este mundo de sufrimiento innecesario. Que experimentemos una conversión profunda y seamos fortalecidos en nuestra resolución de hacer una buena diferencia al pie de la cruz de nuestro Salvador. Que podamos contemplar la realidad de que muchos continúan pagando el precio por defender a quienes nos necesitan. A ellos también los llevamos al corazón de Jesús cuando nos damos cuenta de que practican lo que creen. Están en mis oraciones y en mi corazón. Paz. Fray Julio

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